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RAFAEL SANTA CRUZ GAMARRA

Rafael Santa Cruz Gamarra fue el primero de los hermanos en alcanzar notoriedad a través de su arte. Debutó como torero en 1947. Desde entonces se le conoció como "La Maravilla Negra" en los ruedos de Europa y América. Se retiró en 1962. Luego incursionó ocasionalmente como actor en el cine, el teatro y fue comentarista taurino en radio y televisión. Falleció en Lima, el 11 de marzo de 1991.

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Cronología

1928


3 de julio. Nace en la calle Sebastián Barranca nº  435, en barrio de La Victoria (Lima – Perú). 

1933


La familia cambia de domicilio pues Nicomedes SCA, es nombrado jefe de mecánicos en la Hacienda Lobatón. 

1945


La familia se muda al Jirón Pastaza, 651. Breña.

1945-1946


Con otros muchachos de su barrio, que comparten su afición, busca dar muletazos en cualquier parte: entrando sin permiso en haciendas vecinas desde Chacra Colorada hasta el vecino Puerto del Callao o en el cerrado círculo de aficionados que se congrega habitualmente en el Frigorífico Nacional en el puerto El Callao, hasta que a través de Fernando Graña acude al tentadero de “La Legua”.
 

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"En La Legua, “Archivo: Familia Santa Cruz Gamarra.”
 

1946

Su hermano Pedro le presenta al antiguo banderillero Víctor Cánepa y acude a entrenar a su corralón ubicado en el Rímac. Allí conoce a Isidoro Morales cuya ayuda será decisiva en sus comienzos. 

 

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“Pedro SCG. Archivo: Familia Santa Cruz Gamarra”
 


Con dos de los muchachos del barrio participa en la capea de un pequeño pueblo llamado Huayucachi, cerca de Huancayo

Por esa época va con los hermanos Morales a San Pedro de Cajas, a Santa Catalina, Huasanhuassi y Tarma. Le llevan en calidad de amigo más que de torero, sobresaliente o banderillero. Ni siquiera se viste de luces.

Coge a la vez pulmonía y tifoidea. Su vida corre serio peligro y su quehacer taurino se interrumpe durante varios meses. Se recupera gracias los cuidados de su madre y del Dr. Julio Saravia Morales


1947
 

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“Archivo: Familia Santa Cruz Gamarra”
 

23 de marzo. Previa autorización familiar por ser menor, debuta en la recién remozada plaza de Acho, en Lima. Sus alternantes serían su maestro Isidoro Morales y Miguel López "Trujillano", con novillos de Víctor Delgado, de Arequipa.
 

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“Archivo Familia Santa Cruz Gamarra"
 

 
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30 de marzo. Repite en Acho con Isidoro Morales y el novillero mexicano Tomás Ordóñez. Los novillos son de Víctor Delgado.

Semanas después. Primera Novillada con picadores. Alterna con el madrileño "Machaquito", y con Curro Rodríguez. 

Domingo siguiente con Juan de Lucas y "Machaquito" - ambos españoles - novillos de Víctor Delgado.

Rafael Valera, "Rafaelillo" (1890 - 1956) se hace cargo de su dirección taurina y decide que se traslade por un tiempo a la Hacienda “La Viña” propiedad de don Víctor Montero, con quien Valera tiene una gran amistad. Se aísla, entrena y aprende. Pasa allí 6 meses aproximadamente que Rafael define como maravillosos. 

30 de noviembre. Alterna con dos novilleros españoles: Vicente Vega "Gitanillo Chico" (sobrino de "Gitanillo de Triana") y "Morenito de Talavera II", hermano del matador de toros.

7 de diciembre. Mismo cartel. 

1948

Febrero. Empieza el año toreando una corrida en la temporada que estaba dando el ganadero de "Yéncala" Humberto Fernandini con toros de su propia ganadería. Alterna ese día con Fernando López (multado por incidente con el público) y "Gitanillo Chico".

Es contratado en provincias: Ica varias tardes, Trujillo, Chiclayo, Chepén.
 
Por Fiestas Patrias (julio) va a torear al centro del país: Huancayo, Tarma, Jauja, etc. 

Feria de Octubre. 
Por primera vez se reduce a novillada. Sus tres corridas son:

10 de octubre: Alterna con Juan Guerrero y Fernando Alday (que hace su debut en Lima). Toros de Delgado

 


"Revista El Ruedo”
 

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24 de octubre: Esa tarde son sus alternantes, Huberto Valle y Fernando Alday.

31 de octubre: Sus alternantes son Juan Guerrero y Humberto Valle. Éxito rotundo. Con la muleta da por primera vez en Lima la "Joselillina", el pase que creara el malogrado "Joselillo". Gracias a esa tarde se le otorga el "Escapulario del Señor de los Milagros", que le es entregado por la Corporación Nacional de Turismo por el Presidente del Comité Ejecutivo de la Feria de Octubre, Sr. Ernesto Cánepa Sardón. 

 


"Revista El Ruedo”
 

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1949

27 de marzo. Primera alternativa. El Padrino es Manuel Alvarez "El Andaluz", de testigo Raúl Ochoa "Rovira" con toros de "La Viña". Corta dos orejas y rabo al segundo toro. 

 


“Archivo Familia Santa Cruz Gamarra”
 

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Ese mismo día de su alternativa, nada más conocer por radio el éxito con su segundo toro,  don Porfirio Vásquez le compone el vals “A Rafael Santa Cruz”.

Festival benéfico organizado por doña María Delgado de Odría, en el que actúa junto a "Rovira", Pepe Amorós (banderillero de Rovira que antes fue matador), Tuco Roca Rey.

Octubre. Pepe Dominguín, por encargo de su hermano Domingo (que no va a Lima ese año y que se dedicaba al apoderamiento y negocios taurinos) habla con "Rafaelillo" y con Rafael para apoderarlo y hacerlo torear en España

1950

Febrero. Viaja a España. Comienza su relación con los Dominguín. 

9 de abril. Granada. Presentación en España. Alterna con Jerónimo Pimentel y Enrique Vera. Los novillos de German Pimentel, ganadería de Valladolid. Sin embargo, a última hora se complican las cosas y hay que incluir en el cartel a otro torero, hijo de "Gitanillo de la Ricla" y entonces queda la corrida de ocho toros.

13 de agosto. Granada

3 de junio. Palma de Mallorca. Alterna con Julio Aparicio y Miguel Báez "Litri", los novillos son de la ganadería de don Julián Escudero. Corta las orejas, el rabo y sale a hombros. 

San Roque (25 de junio), Alcoy (7 y 18 de julio). Cádiz (6 de agosto). Alcañiz (10 de septiembre) y en La Línea (17 de septiembre)

Noviembre. Chinchón. 

 

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"Con los hermanos Dominguin- Anuario Taurino: Chinchón, 1950"
 

1951

31 de mayo. Barcelona. Alterna con el novillero mexicano "Gitanillo" y con Rafaelito Sánchez Saco, de Córdoba. Los novillos son de la ganadería de Marceliano Rodríguez

Junio y julio. Cinco novilladas en Vista Alegre 3 de junio y 1,8,22,29 de julio. En la primera, alternando con el mexicano "Gitanillo" y el madrileño Ramón Solano "Golanito" y con novillos del Duque Tovar, sufre una importante cogida.

Después de 25 días en el Sanatorio de los Toreros, sigue su convalecencia en Quismondo, pueblito toledano en donde la familia Dominguín tiene una finca llamada “La Companza”. En su reaparición vuelve a Vista Alegre alternando con Braulio Lausín y Manolo Cano los toros son de Nicasio López Navalón; corta las orejas y da dos vueltas al ruedo a su primer toro. 

 


"Revista El Ruedo”
Remplazar

 

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"Audio Décima Plaza de Carabanchel" 
https://youtu.be/dou8pizMdII

 

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Agosto. Torea en Pontevedra con Pablo Lozano y Braulio Lausín; Almendralejo con Jaime Malaver y Pablo Lozano; Valencia con Joselito Navarro y Joselito Torres; Alges (Portugal) con Bolaños

Septiembre. Torea en Valencia con Lausín y Joselito Torres; Haro con Morenito de Talavera y Barrera; Moita (Portugal) con Pepe Dominguín.

 

 
"Corrida d'eccezione di Rafael Santa Cruz 05/09/1951. Lisboa
Archivio Storico Luce"


 

Octubre. Guadalajara con Dámaso Gómez y Manuel Cano.

Noviembre. Festival a beneficio del mozo de espadas Miguel Cirujeda. Plaza de Vista Alegre (Madrid). Alterna con Manolo Escudero, Pepe y Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez y el novillero Pepe Escudero. Tres novillos del conde Mayalde y uno de los herederos de Muriel
 

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 “Revista El Ruedo”
 

En este año conoce a su futura esposa, la española Carmen Castillo (1929 - 2019)

1952

18 de mayo. Zaragoza. Dos novilladas seguidas, en las que alterna con Braulio Lausin, “Gitanillo de la Ricla”, hijo. En la primera además un novillero mexicano llamado “Paquiro”; en la segunda el madrileño Miguel Ortas

1 de junio. Bilbao. Novillada de Tulio e Isaías Vázquez. Los alternantes, Pepe Cano de Madrid y Evelio Yeyez de Venezuela

8 de junio. Córdoba. 

12 de junio. Logroño.  La corrida queda en un mano a mano con Braulio Lausin, “Gitanillo de la Ricla”, hijo, por cogida previa en otra plaza del torero que alternaría con ellos. Supuso un éxito para ambos ya que se cortan las orejas a cinco novillos y salen a hombros junto con el mayoral de la ganadería de Julio Morales, de Plasencia. 

 

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"Archivo Familia Santa Cruz Gamarra"
 

 29 de junio. Vista Alegre en Madrid, Novillada de Don Agustín Mendoza, Conde la Corte. Alterna ese domingo con el mexicano Escobedo y con Victoriano Posada. Es cogido en el primer toro. Se le opera con anestesia local en la enfermería y regresa (bajo su propia responsabilidad, según acuerda con el médico de la plaza) para matar a su segundo. Recibe la oreja tras estruendosa ovación.
 

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 “Revista El Ruedo”
 

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20 de julio. Las Ventas. Madrid. Alterna con Rafaelito Sánchez Saco, novillero puntero y Joselito Alvarez de Madrid. Los novillos fueron de Garro y Díaz Guerra

27 de julio. Barcelona. Toma la alternativa de manos de Luís Miguel Dominguín con Rafael Ortega de testigo con Toros de Garro y Díaz Guerra. El Toro de la alternativa se llama Peluquero.

 

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 “Revista El Ruedo”
 

Nuestro agradecimiento a Rafael Abad, del blog Aula Taurina de Granada quién nos orientó en la búsqueda de información en la revista especializada “El Ruedo”.
 

Este blog presenta una síntesis del recorrido de Rafael en el ruedo español.
https://aulataurinadegranada.blogspot.com/2021/01/rafael-santa-cruz-1.html
https://aulataurinadegranada.blogspot.com/2021/01/rafael-santa-cruz-2.html
https://aulataurinadegranada.blogspot.com/2021/01/rafael-santa-cruz-y-3.html

Las restantes corridas las torea:
en Vista Alegre el 3 de agosto. Alterna con Pepe Dominguín y Humberto Moro. Toros de Muriel. Corta dos orejas. 

 

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 “Revista El Ruedo”
 

en Vista Alegre 17 de agosto, 
en Almagro el 25 de agosto, Alterna con Antonio Ordóñez y Rafael Ortega (Lisardo Sánchez) 

 

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 “Revista El Ruedo”
 

 
"Vídeo del archivo de Radio Televisón Española. 
 

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Primera Corrida Feria de Octubre. Lima. Rovira, Antonio Ordoñez y Rafael Santa Cruz. Toros de La Viña. Es cogido haciendo el quite a Rovira. Mata su toro y su segundo lo mata Rovira, siendo la única vez en su carrera que otro matador ha estoqueado un toro suyo. 

23 de noviembre. Última corrida de la Feria de Octubre. Torea con Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordoñez, con seis toros de Prieto de la Cal (cruce de Varagua).

Festival para la Asistencia Social. 

1953

Marzo, en una de las tres corridas que se dan en la Monumental de Chacra Ríos, alterna con Antonio Ordóñez y “Joselito” Torres, en lidia y muerte de seis toros de Huando. 

Con “Valencia III” inaugura la plaza de toros de Guadalupe, en Ica, con toros de La Viña, y en vista del éxito obtenido repiten el domingo siguiente con igual fortuna. 

En Acho torea el festival en el que se despide del toreo Rafael Valera “Rafaelillo”. 

Corridas en Colombia en la feria de Bogotá. Varias corridas en Cartagena y Cereté.

Vista Alegre. Madrid.  Alterna con Anselmo Liceaga y Octavio Martínez “Nacional”. Tres toros de Isabel Rosa González, dos de Isabel Flores de Guevara y uno de Bernaldo de Quirós. 

18 de octubre. México. Tijuana.  Actúa como testigo en la alternativa de Joselito Méndez, siendo el padrino Jorge Aguilar “El Ranchero. Toros de La Punta.

25 de octubre. México. Tijuana. En vista del éxito se repite corrida con el mismo cartel y ganadería. Última corrida de la temporada en Tijuana. 

Reside en México por espacio de un año. 

Gira mexicana. Monterrey, Saltillo, Ciudad Juárez, Tlaxala, Nogales, Guadalara, etc. Con éxito en casi todas. Alternando con “Calesero” Antonio Velásquez, Procuna, Joselito Méndez, Fermín Espinosa “Armillita”, Rafael Rodríguez, Fermín Rivera, “El Ranchero”, “Chicuelo II”, Curro Ortega, entre otros.

1954

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“Foto Web Tauromaquias” 


Gira mexicana. 

Una corrida en Vista Alegre. Madrid. 

Viaja a Madrid donde está hasta el mes de diciembre. 

Viaja a Lima para pasar las Navidades con su familia. 


1955 - 1958

Giras por el Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela.


1959

20 de febrero. Contrae matrimonio con Carmen Castillo González.

 

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“Archivo Familia Santa Cruz Gamarra”

1960

Gira por Trujillo, Caraz, Ticapampa, Bambamarca, Chota, Cajamarca, Ica, Arequipa, Huancayo, Otuzco y Chimbote.

29 de septiembre. Nace su hijo Rafael Santa Cruz Castillo (1960 – 2014)

6 de noviembre. Feria de Octubre. Una corrida. “Corrida del toro”: Actúan todos los matadores que tomaron parte en la temporada toreando un solo toro cada uno. 

Octubre – noviembre. Octavio, Jorge, Rosa, Rafael, Victoria y Nicomedes intervienen en 3 ediciones del programa FAMILIA 6 del Canal 4 TV. Conducido por Kiko Ledgard. 

 

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“Con Kiko Ledgard. Archivo : El Comercio” 

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Gira por el Perú

1961

4 de junio. Plaza de Acho. Torea junto a Humberto Valle y Hugo Bustamante. 


1962

21 de enero. Acho. Corrida de su despedida. Junto a Rafael Santa Cruz torean Alejandro Montani, Huberto Valle, Adolfo Rojas “El Nene”, Gastón Vásquez y Ricardo Misuya. Seis novillos de diferentes ganaderías. El público responde llenando la plaza.

 

 
"Audio de la despedida del toreo de Rafael SCG . 1962"


 



Octubre. Junto a su esposa e hijo traslada su residencia a España


1966

26 de noviembre. Nace su segundo hijo Octavio Santa Cruz Castillo. 


1969
16 de marzo. Es invitado a 2ª Edición del Festival Taurino “Pancho Fierro”, réplica peruana de las tradicionales corridas goyescas españolas.  Tuco Roca Rey coordina la exhibición de caballos de paso y aspecto taurino. Junto a Rafael participan Antonio Bienvenida, Hugo Bustamante, Rafael Puga y Raúl Aramburu. 5 Novillos de “Las Salinas”, propiedad de Jose Antonio Dapello. 

 

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“Archivo Familia Santa Cruz Gamarra”

 

1972

Traslada su residencia al Perú.

Participa en la obra teatral “Un marido paciente” dirigida e interpretada por Victoria Santa Cruz. Junto a ellos intervienen Carlos Chevez, Fernando Santa Cruz y Catalina Bustamante. 

 


"Programa del "Marido Paciente""
 

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1973
 

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“Actuando. Obra y fecha sin determinar. Archivo Familia Santa Cruz Gamarra”
 

Colabora en el Conjunto Nacional de Folklore dirigido por Victoria Santa Cruz. 


1979

9 de diciembre. En la novena corrida de abono del Señor de los Milagros se retira el banderillero peruano Luis Carnero Granda, “Luis Granda” (1928-1985), siendo su gran amigo, el matador Rafael Santa Cruz, quien le corta la coleta. 

 

1970-1990

Durante años fue comentarista y presentador de diversos programas taurinos. Su última participación televisiva se produjo en el programa “El Mundo de la Tauromaquia” emitido en el Canal 7, como comentarista de las corridas de la Feria del Señor de los Milagros del año 1990.

 

 
"Audio del programa piloto "Toros y Cante". 1983"


 


1991 

11 de marzo. Fallece Rafael Santa Cruz Gamarra

 

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Biografía

Nos es grato mencionar que si bien, luego de pasada su época de notoriedad en los ruedos, Rafael se había perfilado en sus programas radiales y televisivos como un ameno comentarista, es recién ahora, en ocasión de la construcción de esta página, que su vena literaria colabora directamente con nuestro proyecto, pues es gracias a su propia narrativa que el relato de su autobiografía alimenta con información de primera mano su sección en esta página web familiar. Los textos que Rafael redactó para el formato de libro, han precisado apenas una leve revisión de oficio por parte de Pedro Nicomedes -su sobrino-, para pasar al formato digital.
Su autobiografía fue impresa en la misma imprenta donde tantos cartelones, volantes y todo tipo de impresos taurinos se imprimieron por décadas -la Gráfica Busmar-, por gestión personal Rafael publicó su autobiografía en 1974
En 1987 bajo el sello de CDI -Centro de Documentación Andina, Rafael publicó su segundo libro, que contiene sentidas notas, en prosa y en verso, escritas desde la experiencia de un conocedor y dirigidas a quienes gusten y aprecien la fiesta brava.

 

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1945-1946. LA LEGUA

Yo nací en la primera urbanización republicana de Lima: Nuestra Señora de las Victorias, en la calle Sebastián Barranca nº 435,  el 3 de julio de 1928. Años más tarde cambié al barrio de Breña.  La Lima de aquellos primeros años, de la década del 40, aún estaba cercada por fundos y haciendas, huertos y establos: "Maranga", "San Borja", "Lobatón", "Conde de las Torres", "Conde Villa Señor", "Azcona", "Pando", etc. Algunos ya estaban en proceso de urbanización exigidos por una explosión demográfica que transformaría a esa Lima de vecindario conocido y discurrir tranquilo. 

 

La pandilla de mi nuevo barrio de Chacra Colorada me aceptó rápidamente. Cuando menos éramos 20 diferentes en edad raza y posición social unidos por un solo y grande ideal: ser toreros. Los domingos y feriados salíamos provistos de capotes y muletas de fabricación casera a recorrer desde Chacra Colorada (Hacienda Chacra Ríos) hasta muy cerca del vecino Puerto de Callao, molestando a cuanto toro con pinta de bravo encontrábamos por las haciendas en las que entrábamos sin permiso y de las que nos echaban de mala manera. Algunas veces no salíamos del barrio, de nuestra Chacra Colorada, y tan solo nos desplazábamos a algún corralón o potrero vecino para torear de salón. Otras, pagando pasaje en el tranvía, íbamos hasta el Frigorífico Nacional en el puerto El Callao. Sin embargo, en el "frigo", como se le conocía, había un círculo muy cerrado entre la gente chalaca y nunca se nos permitió participar, aunque sí ver torear. Así vimos a Fermín Borja "Comeleche", que más tarde debutaría en Acho bajo el seudónimo de "Espontáneo”, a Papagayo, a "Tierra", a Lalo Borja, a "Chacho", "Pacero" y a otros.

 

Una tarde luego de haber estado en varias haciendas tratando en vano de dar un capotazo, ya de regreso al barrio, vimos un automóvil por la avenida Colonial, reconociendo a don Fernando Graña. Le hicimos una señal y él detuvo el coche al ver capotes y muletas. Cuando le dijimos que éramos aficionados y queríamos torear nos dijo que fuésemos a la "Legua", que era a donde se dirigía junto con unos amigos. Como afortunadamente no estábamos muy lejos de aquel lugar, caminando llegamos pronto. Ahí estaban, entre otros, Gabriel Tizón, los hermanos Enrique y Raúl Aramburu, Perico Suito, Jorge Raygada o Fulvio Dafieno entre otros. Cuando lo juzgó conveniente Fernando Graña nos fue haciendo torear, uno a uno, como en los tentaderos. Hasta ese día los muchachos del barrio tan solo habíamos toreado de salón, quizá alguno había estado en la sierra en alguna capea, pero ahora teníamos la oportunidad, aunque no fuese más que por un momento, de tener un toro para nosotros solos sin que nadie nos molestase y ante un jurado de aficionados buenos en teoría y práctica. De pronto nos encontramos en un examen. 

 

Ahora me toca a mí... Eso fue lo que me dije cuando Fernando Graña me dio la muleta diciéndome: "Bueno, vamos a ver qué haces". El toro era bonito y bravo tenía aspecto de toro de casta, negro, gordo, con la frente rizada y pidiendo pelea. Con la muleta y la mano derecha me le fui acercando paso a paso. Yo estaba emocionado. Hasta ese momento todos los toros que había visto relativamente cerca, se le habían arrancado a otros: esta vez era a mí. Pero no me dio tiempo a pensarlo mucho porque en cuanto me fui hacia él se me arrancó. Le di un muletazo medio embarullado, que dicen me salió de pintura. Lo único que recuerdo con claridad es que al tercer muletazo me fui por los aires de una espectacular voltereta. Me hicieron el quite y me levanté algo maltrecho. No me había pasado nada de cuidado, pero los pantalones los tenía hecho trizas, eso sí, el honor estaba salvado ya que estuve valentón. Me senté en la tapia a seguir viendo torear a los demás. Por cierto, que el mismo toro negro bonito que me cogió, también propinó fenomenal paliza a otro muchacho y si con esto no bastara, rompió además parte del muro de la plaza, embistió el auto de don Fernando rompiendo un faro y casi gana la calle. Bravo el toro. De regreso me prestaron unos pantalones del chico que vivía cerca pero que me daban un aire "cantinflesco" por lo espigado que yo era, de manera que resultó más indicado ponerme un capote de brega alrededor de la cintura a modo de falda larga y así subimos al tranvía que nos llevaba a nuestro barrio. Los pasajeros me miraban como bicho raro, mis amigos se reían y yo de la vergüenza no sabía dónde meterme. Era de noche cuando llegué a casa y nadie me vio.  Me metí en la cama con el cuerpo molido pero feliz porque nos habían dicho que podíamos volver cuando quisiéramos, pero triste porque al día siguiente era lunes y debía volver al trabajo. 

 

Yo trabajaba en la plazuela de Santo Domingo, enorme iglesia cuyo verdadero nombre es Convento Grande del Rosario y cuya fundación data de 1535, el mismo año en que Don Francisco Pizarro fundara Lima. Allí descansan los restos mortales de los santos Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres. En la tienda signada con el 215 de la citada plazoleta uno de mis hermanos mayores, Octavio, tenía un taller de reparación y venta de máquinas de escribir. Mi labor consistía en aprender el oficio considerado como mecánica fina, pero hallándome en plena fiebre taurina resultaba un pésimo aprendiz. Algunas mañanas faltaba por ir a entrenar de salón a la Plaza de Acho o al corralón del antiguo banderillero don Víctor Cánepa, ubicado en el Rímac vecino al taller de fundición de otro hermano mío, Pedro, quien precisamente me presentara a este veterano exsubalterno.  Cánepa resultaba muy ameno, contaba de sus correrías por los ruedos de Perú, Ecuador, Colombia y otros países de la América taurina. Con capote y muleta en mano gustaba de explicar cómo se ejecutaban los lances y suertes del toreo y su relación con las diferentes condiciones en la embestida de los toros. A entrenar a este gran corralón íbamos varios principiantes y de vez en cuando algún profesional. 

1946. ENFERMEDAD

Con dos de los muchachos del barrio fui a una capea a un pueblito que se llamaba Huayucachi, cerca de Huancayo. Resultaba que Leopoldo Sánchez y Mario Málaga por intermedio de un amigo sastre que tenían en el vecino puerto del Callao (y que era nacido en el citado pueblo) se enteraron que en Huayucachi se estaban celebrando las fiestas patronales y que allí, tal como se estila en todos los pueblos serranos desde tiempos coloniales, soltaban muchos toros para quien quisiera torear ya que no iban profesionales, sino algún que otro aficionado. 

El pasaje en ómnibus desde Lima hasta Huancayo costaba 18 soles, de allí había que buscar cómo ir a Huayucachi. Aunque lo primero era buscar algún capote o muleta. Finalmente me agencié 25 soles y un capote de brega, todo en calidad de préstamo. "Leo " Sánchez y Málaga consiguieron capotes y muletas. Dos días después, a las ocho de la mañana, salimos en el destartalado ómnibus de una compañía de mala muerte. Cuando llegamos a Huancayo casi no teníamos dinero para seguir viaje, pero logramos que un camión nos llevase. Huayucachi era un pueblo pequeño, solitario y sin luz eléctrica. En lo que debía ser la Plaza Mayor había un campo grande donde se celebraban las fiestas y las corridas. Lo primero que hicimos fue visitar a las autoridades del lugar, para quienes el sastre amigo nos había dado una carta de recomendación ya que un familiar era personaje importante en el pueblo. Después fuimos a ver los toros, habían diez o doce, algunos con trapío y pitones. Empezamos a tomar el asunto en serio y a sentir el temor que da el saberse en peligro pero que a la vez agrada por la misma afición taurina que uno tiene. Nos dieron una habitación muy grande en una casa deshabitada y así quedamos cómodamente instalados. Comimos en una casa particular. Al día siguiente nos presentaron a otro torerillo y a una torera (¿?). El torerillo se apellidaba Canchay y hasta tenía traje de luces (nosotros no). La torerilla dijo llamarse Marga. El día de la corrida estaba todo el pueblo ahí congregado, además de gente venida de pueblitos aledaños, casi todos en completo estado etílico. Hicimos el paseo con las autoridades y después a torear, o al menos lo intentamos porque los toros estaban toreados. Hicimos lo que pudimos. Al segundo día de capea fue algo mejor ya que Mario, Leo y yo toreamos de pitón a pitón, que fue lo más sobresaliente de las dos tardes; además de capotazos a la defensiva y un quite oportunísimo que me hizo Leo cuando quedé desarmado. En la noche hubo una comilona. Nos trataron como a triunfadores y nos dieron dinero para el regreso, lo que nos vino muy bien porque así no tuvimos que tirar la manga. Nos quedamos en el pueblo dos días más. Por cierto que llovió mucho. Después nos fuimos a Huancayo a coger el ómnibus que nos llevaría a Lima. Por esa época fui con los Morales - a quienes conocí en el Rimac - a San Pedro de Cajas a Santa Catalina y Huasanhuassi. Me llevaban en calidad de amigo más que de torero, sobresaliente o banderillero. Ni siquiera me vestía de luces, sólo llevaba puesto un pantalón y una casaca, por lo que no llegaba a ser tampoco un traje corto. Eso sí, de vez en cuando daba algún capotazo o hacía algún quite. Un día Isidoro Morales me llevó a Tarma, mataba cuatro toros grandes y gordos. De sobresaliente iba Jorge Arencibia, que aún no debutaba en Acho como novillero. Yo no hice el paseo pues no vestía de luces, así es que estuve en un burladero por si había oportunidad de hacer un quite. Como la corrida salió fuerte y no muy buena y yo no estaba muy experto, no salí del burladero, limitándome a ver y aprender. 

En ese mismo año 1946, la pulmonía y la tifoidea, enfermedades que cogí simultáneamente, no solo interrumpieron mi quehacer taurino durante varios meses sino que pusieron en peligro mi vida. Salí adelante gracias los cuidados de mi madre y del Dr. Julio Saravia Morales
 

1946. POR PROVINCIAS

En la margen derecha del Rímac, en el tradicional y criollo barrio de Abajo el Puente, concretamente en Malambo, en el corazón donde vivía el veterano banderillero don Víctor Cánepa, se toreaba de salón y allí iba yo a entrenar. Una mañana me fue presentado Isidoro Morales, vecino de Cánepa, al que yo había visto torear en Acho muchas tardes pero a quien no conocía personalmente. Nos hicimos buenos amigos y empecé a entrenar con él y sus hermanos e incluso frecuenté su casa. Entrenamientos, toreo de salón y charlas taurinas en su hogar me sirvieron de mucho para cuando, posteriormente, fui a "La Legua", acompañado del grupo de muchachos de mi barrio de Breña.  El toreo para él, antes que nada, era arte, porque era un ARTISTA, sentía el toreo así. Y comunicaba su personal sentir: Un quite, un lance o un muletazo suyos se recordaban por mucho tiempo. Su matiz fundamental era la delicadeza: no peleaba con los toros ni con sus compañeros de cartel. Para él, el toreo era belleza, armonía, inspiración... Por eso, las tardes en que no se encontraba así mismo se abandonaba en brazos de la apatía. En cambio, cuando se sentía inspirado bordaba maravillosas faenas llenas de arte. Debutó como novillero en 1942, alternando con Adolfo Rojas "El Nene" y Guillermo Rodríguez "El Sargento". Isidoro influyó en el ánimo de Oscar de Pomar, quien era empresario de las novilladas que se daban en Acho y a la vez su apoderado, para que yo debutara en alguna corrida de esas temporadas novilleriles. Su ayuda fue decisiva para mis comienzos, ya que me enseño con cariño todo lo que pudo, me alentó y me llevó a varios pueblos. Me quiso bien y correspondí a ese afecto. Él era muy intuitivo y conocía mucho de las condiciones y reacciones de los toros. Además cuando hablaba dejaba constancia de ser un profesional que sabía lo que decía. Toreó en Bolivia, Colombia, México y España. De los toreros peruanos que yo he visto, Isidoro Morales ha sido el más artista.

 
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1947. DEBUT

Para debutar en la recién remozada plaza de Acho, en Lima, por ser menor de edad, necesitaba autorización de mis padres por escrito y además la firma de dos profesionales. Fui con mi madre a la Municipalidad del Rímac para el permiso y luego fui a buscar las firmas de los toreros: Isidoro Morales fue uno de ellos y el otro fue Alejandro Montani. El contrato era por tres tardes, una fija y dos opcionales.  
 
Como en Lima no había un traje de mi talla y que además estuviese en buenas condiciones, Oscar de Pomar después de mucho buscar decidió comprarle uno a Alejandro Montani. No obstante encontrar zapatillas de mi número también era un problema, así es que de nuevo recurrí a Montani quien después de probarme unas zapatillas que me quedaban muy bien me dijo: "Quédatelas, te las regalo". José Morales me prestó el capote de paseo, Isidoro medias, añadido, capotes de brega, muletas, espadas, una montera grande que había en su casa y camisa.
 
La propaganda que me había hecho la empresa era fuerte y exagerada. Mis alternantes serían mi maestro Isidoro Morales y Miguel López "Trujillano", con novillos de Víctor Delgado, de Arequipa. Toda esa semana la pasé emocionado y expectante. Me entrené en casa de los Morales incluso el día antes. Esa noche dormí bien.
 
El domingo 23 de Marzo de 1947, fui a misa nada más levantarme y después desayuné. Estuve con mi familia hasta poco antes de la corrida cuando los dejé para vestirme en el hotel. La habitación de Isidoro Morales estaba junto a la mía. Me vestí ayudado por el mozo de espadas. Nunca me había puesto un traje de torero, si acaso alguna vez la chaquetilla para mirarme en un espejo y simular un pase de muleta. Además, el traje de Montani estaba muy nuevo y me sentía incómodo por la falta de costumbre. Dudaba si sería capaz de moverme con soltura llegado el momento. Tampoco fue fácil entrar en el auto que me llevaría a la plaza vestido de torero. 
 
Cuando llegué había muy buena entrada y en la puerta muchos curiosos esperando a ver “cómo es el torero negro”. Sólo me conocían la gente del toro y los amigos del barrio. Entré directamente en la capilla donde estuve un buen rato. Después me dirigí a la puerta de cuadrillas donde había algunos toreros, más curiosos y amigos que me desearon suerte. A las cuatro de la tarde sonaron los clarines anunciando el comienzo de la corrida. Es el momento en que los aficionados se acomodan en sus localidades esperando ver un buen espectáculo. Para mí en cambio es un momento donde se mezclan muchas emociones: miedo, confianza, seguridad. Es posible controlar ese miedo, por eso es posible torear. Además, resulta un miedo agradable por la satisfacción de controlarlo. Después del paseo, cuando entramos al burladero de matadores, se inició una ovación dedicada a mí que se hizo más fuerte y me obligó a salir al tercio a agradecer. Quizás les cayó bien ver a un torero negro después de tantos años: que yo sepa, Pedro Castro, el simpático y flamenco "Facultades, fue el último hasta mi debut. En el segundo novillo de la tarde, que correspondía a "Trujillano", cuando me tocó alternar en quites y me fui acercando a él, pude apreciar en los tendidos la expectación por ver de lo que era capaz. Al intentar dar un lance me embarullé y sentí un murmullo de desaprobación en el público pero me repuse y ejecuté una verónica que me salió bastante bien y que rematé con una revolera airosa. La ovación fue bastante fuerte, la primera que oía vestido de torero y en Lima. Recuerdo que Alejandro Montani, que se encontraba en una barrera, me mandó llamar para darme ánimos y me dijo: "Has estado muy bien en ese quite pero en ese plan debes estar toda la tarde". Cuando salió el tercero, mi novillo, yo estaba decidido a "armarla"; era el momento que había esperado toda mi vida. No puedo describir la "faena" ya que en realidad no fue tal, fueron muchos pases, quizás todos los que yo conocía, aunque no propiamente faena, por su falta de ligazón y estructura; entonces como es natural en todo principiante, tenía poca experiencia, carecía de recursos y no sabía torear, además recibía muchas volteretas, eso sí, ponía toda mi afición y voluntad en quedar bien, complacer al público y aprender a conocer la parte técnica que tiene el toreo. 
 
En el último novillo las cosas rodaron todavía mejor, corté una oreja (en el primero había dado la vuelta al ruedo). Al finalizar la corrida me llevaron en hombros hasta el hotel. Yo estaba muy emocionado, me parecía que era a otro y no a mí a quien le había ocurrido todo aquello. Estaba aturdido. En seguida me salieron muchísimos partidarios y amigos nuevos, también fuertes detractores y enemigos gratuitos. 
 
Y ahora he de ocuparme de un suceso al cual es importante señalarle toda su extraordinaria magnitud. Hace algún tiempo, el simpático tentadero de La Legua, llegó un joven, un chaval diré, más negro que el betún, con deseo de torear. Se le dio ocasión y ante la sorpresa general, cuajó dos soberbios trinchorazos que levantaron un clamor de admiración por el valor, la clase y el "ángel" con que fueron prodigados. Se le instó a salir a Acho, pero el misterioso e incipiente lidiador moreno no lo quiso , hasta no cuajarse. Pasó el tiempo. Y ayer le vi hacer el paseo, enfundado en un vistoso traje de luces, cohibido por las miles de miradas extrañas de la multitud mientras los rayos del sol reverberaban sobre el ébano de su huraña faz. En el segundo toro, Rafael Santa Cruz, que así se llama el debutante, instrumentó un quite por finísimas verónicas con las manos bajas, cruzándose con un valor asombroso y con la donosura de un privilegiado, rematando con un recorte que pareció imposible. Un clamor se extendió por el graderío con el alboroto que producen los grandes acontecimientos. Toda la tarde la gente no hizo otra cosa que hablar de él. 
 
Ya en su primer enemigo, con la muleta se quedó más quieto que una estatua, destellando con los muletazos señorío y majestad. Sin mover una pestaña. El novillo se quedaba y lo revolcó. Se creció y continuó en el mismo plan. Desgraciadamente no hubo nadie que le aconsejara torear al cornúpeta por el lado izquierdo, por donde estaba ideal. Ya en el sexto toro la plaza crujió de entusiasmo ante los deslumbrantes lances y pases de La Maravilla Negra. Estatuarios derechazos, naturales, manoletinas, pases en los cuales su cimbrada figura se confundía con la res. La emoción del público se tradujo en gritos estentóreos de sorpresa. Entrando recto, señaló un pinchazo y luego, dejó una estocada entera que remató con un descabello. Los entusiastas se arrojaron al ruedo y le sacaron a hombros y en hombros lo pasearon por las calles. Y en el tendido quedó la certeza de que había surgido una nueva esperanza nacional. Ante la sombra de su morena prestancia se levantó el sol de un seguro camino de esplendor.
 
(Rafael Santa Cruz encarna una nueva y positiva esperanza del toreo nacional. "Cencerro": Taurinas. "La Tribuna" - Lima 24 de marzo de 1947)
 
Jorge Raygada, que escribía de toros bajo el seudónimo de "Cencerro" era sobrino de Rául y Enrique Aramburú Raygada, motivo por el cual frecuentaba el tentadero La Legua, donde me vio torear mucho antes de debutar en Acho. 
 
 

Con muy buena entrada en sol y floja en sombra se realizó ayer la novillada en la que alternaron Isidoro Morales, Trujillanito y Rafael Santa Cruz.
 
Concederemos el primer lugar en la reseña a Rafael Santa Cruz, torero peruano que se presentó por primera vez al público de Lima y que causó una verdadera sensación. Y no es que Santa Cruz sepa torear. Ni tal puede pedirse a quien recién se inicia. Sino es el caso que hizo algunas cosas que el respetable jaleó con entusiasmo y aplaudió con frenesí. Santa Cruz, que cita en terrenos absurdos y que en veces se embarulla, puso de manifiesto - y es sin duda opinión unánime de quienes ayer le vieran - que posee el secreto de la belleza del toreo. Con un ritmo y una gracia propios de su raza, el debutante - no vamos a reseñar las faenas, que por inconexas no lo fueron propiamente - hizo cosas realmente sorprendentes. Tanto con el capote como con la muleta, estira la figura, corrió suavemente el brazo, logrando lances y muletazos de escándalo. Recordamos del primer tercio dos lances dejando la mano muerta y una revolera bellísima. 
 
Con la muleta, a su primero, dos por alto y un derechazo escultóricos, tres ayudados por alto quedándose muy quieto, una manoletina delirante y un derechazo de alta clase. Matando está aún verde. 
 
Rafael Santa Cruz - que anduvo trompicado y aún desconoce la lidia - tuvo destellos tan pintureros y muletazos tan acabados, que fue calurosamente aplaudido. Luego de arrastrado su primer enemigo, dio la vuelta al ruedo y muerto el sexto, el muchacho fue premiado con una oreja y numerosos entusiastas le dieron la vuelta al ruedo en hombros. 
 
Santa Cruz es aún una incógnita. Pero una incógnita interesantísima. Su constancia y el tiempo nos dirán hasta dónde puede llegar. Nosotros deseamos que sea muy alto.
 
(DE TOROS: El debutante Santa Cruz cortó oreja ayer. "EL COMERCIO". 24 de Marzo de 1947.
 


Al domingo siguiente, 30 de Marzo, repetí con una expectación tremenda. Durante la semana se había hablado mucho de mí para bien y para mal. Los que me habían visto querían saber si era capaz de repetir lo de la primera tarde, los que no, querían saber si era verdad lo que les habían contado. Unos decían que yo era un "chalao", otros, que lo nunca visto y extraordinariamente moderno; otros, que estaba bien y que aprendiendo podía llegar a ser un buen torero. Lo cierto es que ese domingo la plaza se llenó hasta la bandera, esa tarde alterné con Isidoro Morales y un novillero mexicano llamado Tomás Ordóñez. Los novillos fueron de Víctor Delgado. Salí dispuesto a "arrimarme" y las cosas rodaron bien. Toreando estuve como la mayoría del público esperaba. La gente me ovacionó de lo lindo durante toda la tarde. No corté orejas porque no tenía idea de cómo ejecutar la suerte de matar, la mano en la que llevaba la espada la colocaba muy alta y la dejaba muerta, la izquierda, en la que se tiene la muleta, al momento de reunirme con el toro y hacer "la cruz" le pegaba un "tirón", es decir, la sacudía como si fuese una servilleta y ese movimiento de la mano izquierda ha de ser suave, además, no miraba el morrillo sino a los pitones del toro y de esa manera no es posible matar. La tarde fue muy entretenida para el público y de gran éxito para mí. En mis dos toros me arrimé e hice cosas que sentía y que en realidad eran las que se debían hacer. Por ejemplo, a mi segundo novillo en el tercio no se le podía torear, pero dándole los "adentros", o sea las tablas, embestía muy bien. Era un novillo berrendo, gordo, bonito, algo descarado de pitones y que me proporcionó un gran triunfo. Como dije antes, al no estar bien con la espada, perdía muchas orejas. El público y yo sabíamos que cuando pinchara la primera vez, nos empezaríamos a aburrir ambos. Como toreando estuve muy bien y ese día no pinché casi volví en salir a hombros. 
 
Dejé de torear dos o tres domingos, en que se dieron unas novilladas con toreros españoles y novillos de Yéncala, del ganadero Huberto Fernandini. Asistí como espectador a varias de esas novilladas. Los toreros me brindaron la muerte de algún novillo, el público me ovacionaba, estaban conmigo. Entonces la empresa me incluyó en una de esas corridas. Alterné con "Machaquito", fino artista madrileño y con Curro Rodríguez, torero valiente y conocedor del oficio. Mucha expectación despertó esa corrida por ser un cartel de triunfadores, ya que "Machaquito" y Rodríguez habían estado muy bien en las anteriores novilladas y mi inclusión completaba el interés del cartel. Era mi primer encuentro con toros de casta y picadores. Los aficionados se dividieron en bandos: unos decían que con toros de casta fracasaría, además que las cogidas que sufriese ya no serían volteretas sino puntazos o cornadas. Mis partidarios en cambio, decían que el ganado con raza me beneficiaría puesto que ofrece menos dificultades que el "cunero" o sin casta.
 
Se registró el lleno más grande las pocas corridas que hasta ese momento había toreado. La reventa hizo su agosto. Los novillos de Yéncala salieron bravísimos, constituyendo un éxito para el ganadero y para los tres matadores que cortamos seis orejas y dos rabos, dimos vueltas al ruedo, solos y con el ganadero, al final del festejo salimos en hombros, el delirio.
 
Toreé al domingo siguiente con Juan de Lucas y "Machaquito" - ambos españoles - novillos de Víctor Delgado, que salieron mansos y nada aptos para el lucimiento, por lo que la tarde fue discreta en lo que respecta a la actuación de los toreros. En una barrera se encontraba el que fue extraordinaria figura del toreo: Cayetano Ordóñez "Niño de la Palma", fundador de la dinastía que lleva su apellido y apodo. Le brindé la muerte de mi primer novillo. En la noche me invitó a cenar, correspondiendo al brindis, en el restaurant "El Trocadero" que estaba en el Jirón de la Unión. Mientras cenábamos me dio taurinos y paternales consejos, que andando el tiempo me fueron muy útiles. 

1947. LA VIÑA

"Bebito" me presentó a aquel agradable y servicial mozo de espadas que había en Lima, uno de los más extraordinarios peones de brega y banderilleros que han existido a lo largo de la historia del toreo: Rafael Valera,  "Rafaelillo" (1890 - 1956). Toreaba a una mano como pocos, sabía dar a cada toro su lidia, tenía arte, su conocimiento de las querencias, embestidas y reacciones de las reses no tenía límites, manejaba el capote con suavidad, temple, arte y ritmo. Con las banderillas figura al lado de los mejores de todos los tiempos. Este bohemio torero sevillano, que figuró en las cuadrillas de Juan Belmonte, "Chicuelo", "Niño de la Palma", Marcial Lalanda, "Cagancho", Domingo Ortega, Antonio Márquez, "Gitanillo de Triana" y otras grandes figuras del toreo, en un viaje de los que hizo a América, le gustó Lima, se enamoró de Lima y en Lima se quedó. A Rafaelillo se le conocía en España y Lima por el apodo de "El Aguila" por lo listo, la mente tan despejada y llena de ideas que tenía. Le unía gran amistad con don Víctor Montero, propietario de la ganadería de "La Viña", en Lambayeque y fue por muchos años quien estuvo al frente de la ganadería, además de dedicarse a otras actividades taurinas como apoderado y empresario. Después de hablarlo detenidamente, llegamos a un acuerdo y se hizo cargo de mi dirección taurina. Lo primero que hicimos fue marchar a "La Viña" donde estuve por espacio de seis meses en plan de aprendizaje, meses que fueron para mí inolvidables y beneficiosos, puesto que necesitaba un descanso físico y mental. En las mañanas me levantaba temprano y después de desayunar me daba largas caminatas. Algunas veces también daba paseos a caballo. Como siempre había por allí algún torerillo o profesionales como Paco Céspedes y casi profesionales como Amado Lora, toreábamos de salón. Los días de tentadero se toreaba bastante porque había muchas vacas que tentar y también que retentar, algunas veces se tentaba vacas grandes y gordas, otras viejas y con pitones, entonces había que andarse con cuidado. Todo se hacía con mucho orden, bajo la mirada de don Víctor y la dirección de Rafaelillo. Como a todas las corridas de la Ganadería, que se lidiaban en Acho les tomaban película y en la Hacienda tenían todas, de cuando en cuando nos pasaban algunas. 
 
Regresé a Lima para ver la Feria de Octubre (la segunda, la primera había sido el 12 de octubre de 1946)  en la que tomarían parte: "Armillita", "Morenito de Talavera", Luis Procuna, "Rovira" y "Joselillo" la sensación novilleril de México en esos momentos quien tomaría la alternativa en Acho de manos de "Armillita". Desgraciadamente el destino dispondría otra cosa y "Joselillo" perdió la vida en la última novillada que toreaba en México, antes de salir para Lima. Fue sustituido por Antonio "Bienvenida". Los toros para todas las corridas de la Feria eran de "La Viña". Para después de las corridas de la Feria estaban anunciadas dos novilladas (30 de noviembre y 7 de diciembre), también de "La Viña", en las que yo tomaría parte alternando con dos novilleros españoles: Vicente Vega "Gitanillo Chico" (sobrino de "Gitanillo de Triana") y "Morenito de Talavera II", hermano del matador de toros. En la primera la gente me recibió muy bien, la plaza se llenó hasta la andera, seguía siendo un ídolo. Los novillos de "La Viña" salieron muy buenos y los tres matadores estuvimos muy bien, la gente salió contenta. Me encontraba más seguro, más dueño de mi persona en todo momento, sin confiar tanto en la intuición o en la improvisación. Mi estancia en "La Viña" daba sus frutos. El público naturalmente lo notó: "El Negro ha aprendido", decían, lo escuché en la plaza y después en la calle. Sin embargo, mis progresos con la espada no habían sido grandes. En la segunda la novillada no salió buena, sin fuerza, no dio lugar a que ninguno de los tres pudiésemos hacer mucho y la gente se pasó la tarde entre bostezo y bostezo. Fue mi última corrida del año. 

1948. ESCAPULARIO DE ORO

Empecé el año toreando una novillada en el mes de febrero, en la temporada que estaba dando el ganadero de "Yéncala" Humberto Fernandini con toros de su propia ganadería. Para dicha temporada había contratado a los novilleros punteros mexicanos: Jorge Aguilar (después apodado "El Ranchero") quien fue multado por un incidente con el público y Fernando López, que había hecho pareja con el malogrado "Joselito" y que se marchó a su tierra sin torear la última corrida de su contrato, precisamente la única que yo toreé. Alterné ese día con Fernando López, el día del incidente con el público y "Gitanillo Chico". A "Gitanillo" y a mí nos fueron las cosas muy bien y logramos un éxito más en Acho. Después fui contratado en provincias: Ica varias tardes, Trujillo, Chiclayo, Chepén. Por Fiestas Patrias (julio) fui a torear al centro del país: Huancayo, Tarma, Jauja, etc. En la mayoría obtuve éxitos, en otras la espada (mi talón de Aquiles) me hacía dejar los triunfos a medias. 

 

En el año de 1948, por una serie de causas políticas, Lima tuvo Feria, pero no en plan de corridas sino Feria de Octubre en Novilladas. Por esa razón, el empresario Oscar de Pomar contrató a los más destacados novilleros nacionales que se encontraban en el Perú. Humberto Valle, Fernando Alday, Juanito Guerrero y yo, fuimos los encargados de "echar fuera" (como se dice taurinamente) las cuatro corridas de que se componía esa temporada. Los toros eran de Víctor Delgado, de Arequipa y al triunfador le sería otorgado el "Escapulario de del Señor de los Milagros", trofeo ya instituido. 

 

3 de octubre 

La primera novillada, después de estar anunciada se suspendió el mismo día a causa de los acontecimientos del Callao (insurrección de la Armada) y se postergó al domingo siguiente. 

 

10 de octubre 

El cartel lo compusimos Juan Guerrero, Fernando Alday (que hacía su debut en Lima como matador después de obtener resonantes éxitos en provincias) y yo, que no actuaba en Lima desde febrero. Los toros de Delgado salieron mansos y los toreros solo tuvimos detalles. En conjunto estuvimos mal. Los tres escuchamos avisos. 

 

17 de octubre 

El cartel estaba formado por Humberto Valle, Juan Guerrero y Fernando Alday. Una vez más los toros sin casta no ayudaron, aunque mis compañeros esa tarde salieron a estar bien y cada cual en su estilo a no dejarse ganar la pelea. Alday hizo lo más artístico y torero, Valle derrochó valor, que era fuerte y Guerrero, sus detalles punteros.

 

24 de octubre

La segunda tarde de las que me correspondía torear pude sacarme la espina. Estuve muy bien en un toro grande y tordo, berrendo en negro que tenía el nombre de "Picaflor". Lo toreé muy bien de capa y muleta, el toro tenía buen "son", quiero decir embestida clara noble. Experimenté esa agradable sensación que tan pocas veces siente el torero: estar a gusto con el toro, torear para sí mismo, olvidarse que hay público. Como el animal tenía trapío y además buenas defensas, las cosas que le hice las agradeció el público. En el otro toro también estuve lúcido, pero no como en el primero. Esa tarde fueron mis alternantes, Huberto Valle y Fernando Alday. Yo di varias vueltas al ruedo y me reconcilié con el público. 

31 de octubre

La tercera, en que se cumplían las tres corridas de mi contrato. Mis alternantes fueron Juan Guerrero y Humberto Valle. Esa tarde todo me salió bien y obtuve un éxito rotundo. Con la muleta di por primera vez en Lima la "Joselillina", el pase que creara el pobre "Joselillo", pase en el que se cita como para la "arrucina" y se termina como una "manoletina". Gracias a esa tarde se me otorgó el "Escapulario del Señor de los Milagros", que me sería entregado por la Corporación Nacional de Turismo por el Presidente del Comité Ejecutivo de la Feria de Octubre, Sr. Ernesto Cánepa Sardón. 

Voy a alterar el orden de la reseña. Y esta actitud de alteración la merece la excepcional actuación de Rafael Santa Cruz. Discutido, discutidísimo por sus actuaciones anteriores ayer el novillero peruano encendió la plaza de clamor y prendió el unánime comentario de su rara, de su magnífica calidad. No vamos a decir que es un torero, que domina todas las suertes, que posee absoluto dominio sobre sus adversarios. Está aprendiendo a torear. Pero sí hemos de repetir lo que en otra oportunidad y con distintas palabras dijéramos: que ha penetrado hondo en algunos lances y muletazos y que logra momentos inimitables. y no nos referimos a aquellos que surgidos del postismo, suelen entusiasmar a las multitudes.

 

Ayer, toreando a la verónica que es el lance más serio del primer tercio y ejecutando el natural, que es el pase por antonomasia, lo hizo tan despaciosamente, tan bellamente, tan toreramente que arrebató al público entero y lo hubiera logrado ante la más exigente de las aficiones taurinas. Porque tanto en unas como en otras embarcó a la res en el engaño, corrió suavemente la mano, templó magistralmente y remató las suertes con limpieza, con majestad, con auténtica solera y calidad. En Santa Cruz, de no estropearse, hay pues, la posibilidad de un torero extraordinario. Así como suena. Sin quitar una letra. Mi vecino en la plaza decía que en veces parecía un sueño o acaso un milagro. Y tiene razón. Todos los que en la plaza ayer estuvieron corearon entusiasmados los momentos bellísimos que florecieron en el capote y en la muleta de Rafael Santa Cruz. Lo mereció este hombre moreno y humilde, por su ingenuidad irrisoria en veces y por la hondura de su arte, por el chispazo genial que lo inspira, tremendamente impresionante otras. Estamos ante un caso desconcertante. Ojalá el tiempo se encargue de afianzar y pulir esta extraña y misteriosa escultura del toreo. 

 

A su primero, al que veroniqueó estupendamente, luego de dos doblones lo llevó a los medios y allí en terrenos inconcebibles le instrumentó varios derechazos torerísimos, un pase de trinchera colosal y dos manoletinas de asombro, al rematar la última de las cuales resultó trompicado. Hay un procunazo ceñidísimo y varios pases de pitón a pitón. Entra bien y clave una muy contraria. Se tarda pinchando y escucha un aviso. Deja media bien señalada que mata sin puntilla. Ovación grande, vuelta, prendas y salida a los medios.  Es oportuno indicar que toda la faena la realizó con la espada de matar. Como debe ser en esta fiesta viril que no admite ficciones. Al que cerró plaza nada le hizo con el capotillo. Inició su trasteo con tres por alto apretadísimos. Ovación. Con muleta en la espalda, citando con el cuerpo, en forma tal que parecía que era imposible marcar la salida al astado, ejecutó dos veces el muletazo creado por el infortunado Joselillo. El público en pie aclama delirante. Echa la muleta a la izquierda, cita, aguanta la arrancada, mete la muleta en el hocico para iniciar un natural, que le liga a cuatro más, tres de ellos admirables y el asegundo como no lo daría mejor una figura de la torería. Clamor. Torea de pitón, se perfila, entra con valor y deja en los bajos. Descabella el segundo intento. Pañuelos. Concesión de oreja, ovación grande y salida de hombros. El segundo simuló un magnifico quite por verónicas que remató precisamente y que se ovacionó y al quinto uno ajustadísimo por gaoneras. Todavía debe comentarse por allí la forma en que Rafael Santa Cruz toreó por verónicas y al natural. 

 

DE TOROS: Rafael Santa Cruz tuvo momentos extraordinarios. (EL COMERCIO, LIMA. 1 de Noviembre de 1948

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1949. PRIMERA ALTERNATIVA

Por esos años, "Rafaelillo" y "Rovira" arrendaron la plaza de Acho para dar la temporada de marzo. Hubo una época en que se daban corridas de toros en ese mes, pero poco a poco fue desapareciendo. La temporada fue un éxito artístico y económico, la plaza se llenó en todas las corridas y en la que tomé la alternativa el 27 de marzo, la tercera, el lleno fue hasta la bandera. Tanto se había hablado en favor y en contra de mí que todo el mundo estaba esperando con ansiedad. Además, como se había publicado tanto que yo no estaba en condiciones de torear corridas formales y que un toro me iba a matar, gozaba de un cartel de presunto cadáver que despertó el morboso interés del aficionado. El Padrino fue Manuel Alvarez "El Andaluz", de testigo Raúl Ochoa "Rovira" con toros de "La Viña". En el primero estuve mal, el toro tenía genio, además embestía con la cara alta, no humillaba, yo no lo entendí y anduve sin sitio, "arrepeado". Pero me desquité en el sexto, al que corté las orejas y el rabo después de armarle un alboroto, ser cogido espectacularmente y recibir un puntazo en la ingle. Salí a hombros y mi cartel aumentó aun más. 
 
Como ocurre en estos casos, la encendida pasión desatada por partidarios y opositores a mi alternativa, arrastro a gentes que nunca antes habían sido taurinos. Tal fue el caso de un vecino nuestro. don Porfirio Vásquez Aparicio (1902 - 1971) padre del clan de los Vasquez, quien hizo la promesa de dejar de fumar los cigarrillos negros marca “Nacional”, a los que era muy aficionado, si yo salía con bien. Paradójicamente nunca en su vida piso la plaza de Acho. Pero esa misma tarde, conforme la radio informó de mi éxito, allí mismo, en su solar de Breña, cogió su guitarra y compuso en unos minutos este vals, inédito hasta ahora (1974), pero que sólo el cantó siempre:
 

A Rafael Santa Cruz
 
Sabe torear ya lo han visto,
Su coraje dio a la luz
Lo que ha hecho el gran diestro
que es Rafael Santa Cruz.
 
  Fue el 27 de marzo,
  Cinco y veinte de la tarde
  Puso a la afición limeña
  que en sus asientos no cabe.
 
  Creo que de oro fue la llave
  Que abrió la puerta de su arte.
  El Perú está orgulloso,
  ¡Dios bendiga a este baluarte…!


Después de esa corrida solo toreé un festival benéfico organizado por doña María Delgado de Odría, en el que actuamos: "Rovira", Pepe Amorós (banderillero de Rovira que antes fue matador), Tuco Roca Rey y yo. 

1949. EN ESPERA

Los meses fueron pasando y yo no toreaba. No había contado con que un torero peruano, cuando toma la alternativa en Lima o se tiene que marchar del país o renunciar a ella, porque en el Perú encontrará poco campo taurino en su nueva investidura. Así es que estuve en compás de espera. Se acercaba la Feria de Octubre, estaban anunciados: Pepe Luis Vásquez, "Rovira", Antonio "Bienvenida", Pepe "Domingúín", Luis Miguel "Dominguín", con toros españoles y nacionales . Como conmigo no contaban, aun sabiendo que la gente me vería con mucho agrado, me dispuse a ser un espectador más. Fue el año de la bofetada de "Rovira" a Luis Miguel "Dominguín".
 
La temporada fue un éxito en lo económico, en lo artístico hubo de todo. Pepe Dominguín, por encargo de su hermano Domingo, que no vino a Lima ese año y que se dedicaba al apoderamiento y negocios taurinos, habló con "Rafaelillo" y conmigo para apoderarme y hacerme torear en España. Llegamos a un acuerdo y quedamos en que yo debía estar en Madrid en el mes de febrero del año siguiente. Hasta entonces "Rafaelillo" estuvo en tratos para que pudiera torear en México y Colombia, pero al final no hubo nada. Durante los años 1947 y sobre todo en 1948 había toreado bastante, pero desde marzo de 1949 hasta febrero de 1950 estuve casi un año sin torear. 

1950. LLEGADA A ESPAÑA

A poca gente le dije que me marchaba a España. sólo lo sabían mi familia y los muchachos de mi barrio de Breña o mejor dicho Chacra Colorada. En aquella época el aeropuerto llamado "La Corpac" queda en Limatambo, distrito de San Isidro. El avión salió a las 5 de la madrugada y vinieron a despedirme mis hermanos Nicomedes, César, Consuelo y Victoria junto a algunos conocidos. El viaje, con dos escalas que aproveché para hacer turismo, fue: Lima-Caracas-Roma-Madrid. 

Llegué a Madrid a las 4 de la madrugada, en invierno (había pasado del verano de América del Sur al invierno de Europa). Como esperaban mi llegada el 12 de febrero y yo llegué el 14, el avión llegó a una hora imprevista y no había nadie de las personas que se suponía iban a esperarme: Antonio Martorell, secretario de Domingo Dominguín, José Luis Martínez que también tenía que ver con la parte administrativa de los negocios de Domingo, y Juanito Martínez, cuya delicada misión consistía en elegir en la ganadería las reses para las corridas que organizaban los "Dominguines" en diferentes puntos de España.

Al día siguiente después desayunar llamé por teléfono a la oficina de los hermanos Dominguín pero se encontraban en América; Pepe y Luis Miguel estaban toreando por Colombia y Domingo, el mayor, no estaba con ellos pero tampoco en España. Fue a recogerme al hotel Juanito Martínez, que además de gran amigo era hombre de confianza de los hermanos Dominguín, me dio un paseo por la Gran Vía, calle principal de centro de Madrid. Pocos días después, tras  enseñarme algo de Madrid, me llevaron al campo, a una ganadería para tentar unas vacas e irme acostumbrando a la embestida del ganado español. Mientras un sastre taurino, que ya me había tomado medidas, me estaba confeccionando tres trajes de luces. 

Desde antes de salir de Lima tenía pensado torear en España como novillero y tomar nuevamente la alternativa allí. Mi debut en España estaba anunciado para el 9 de abril. En el "Dígame" y "El Ruedo", semanarios taurinos, me habían hecho reportajes. Sería en Granada y mis alternantes Jerónimo Pimentel y Enrique Vera. Los novillos de German Pimentel, ganadería de Valladolid. Sin embargo, a última hora se complicaron las cosas y hubo que incluir en el cartel a otro torero, hijo de "Gitanillo de la Ricla" y entonces quedó una corrida de ocho toros (que no suelen ser del agrado de los aficionados). 

De Madrid salimos a Granada en el automóvil de Domingo Dominguín que para esas fechas ya se encontraba en España. Íbamos él, Juanito Martínez, su secretario, el chofer y yo. Todavía faltaban dos días y los aproveché para hacer turismo. El domingo que se daba la novillada, pese a ser abril hizo un día maravilloso de sol. Después de oír misa y desayunar, me quedé en el hotel hasta la hora de la corrida. La entrada en ambos tendidos era muy buena sin llegar al lleno. Pero la novillada, aunque bonita de tipo y presentación salió mansa y poco pudimos hacer. 

Yo hice un quite muy bueno, por verónicas que me valieron este versito del periodista Alfredo Portolés:

"Su quite es como un romance
que corre de boca en boca,
y sus versos son unos lances
que han vuelto a la gente loca".

 

De regreso a Madrid me dediqué a entrenar y torear de salón en la Casa de Campo y en la plaza de toros de Vista Alegre, a donde iba con otros novilleros siempre caminando para hacer piernas, unos diez kilómetros entre ida y vuelta. 

Nuevamente me vestí de luces en Palma de Mallorca el 3 de junio. Alterné con Julio Aparicio y Miguel Báez "Litri", los novillos fueron de la ganadería que Camará quiso ya que ninguna le parecía apropiada para sus toreros, eligiendo finalmente la de don Julián Escudero, gorda y bastante grandecita pero que más o menos se dejó torear puesto que no ofreció dificultades. La novillada salió facilona y de los tres espadas el de actuación más afortunada fui yo. En el primero di la vuelta al ruedo y en el segundo, que era el sexto de la tarde, corté las orejas y el rabo y salí a hombros. 

Ese año de 1950 toreé 9 novilladas: Granada (9 de abril y 13 e agosto). Palma de Mallorca (3 de junio). San Roque (25 de junio), Alcoy ( 7 y 18 de julio). Cadíz (6 de agosto). Alcañiz (10 de septiembre) y en La Línea (17 de septiembre).
 

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1951. ESPAÑA: UN BUEN AÑO

La temporada de 1951 es de grato recuerdo para mí. Las corridas me salieron casi siempre bien alternando con los novilleros más destacados del momento. Toreé muchas novilladas: Algeciras, San Roque, Cádiz, Alcoy, Valencia, Granada, Logroño, Alcázar de San Juan, Vista Alegre (Madrid), Guadalajara, Almendralejo, Alicante, Añover de Tajo, Pontevedra, La Línea, Barcelona, Córdoba, entre otras. 

Empecé la temporada en Barcelona alternando con un novillero mexicano de apodo "Gitanillo" y con Rafaelito Sánchez Saco, de Córdoba; los novillos fueron de la ganadería de Marceliano Rodríguez, que salieron mansurrones. Esa tarde yo quedé mal, siendo Sánchez Saco el triunfador. Al domingo siguiente toreé en la plaza de Vista Alegre en Madrid, en el barrio de Carabanchel. Mis alternantes fueron el mexicano "Gitanillo" y el madrileño Ramón Solano "Golanito", nos las entenderíamos con una novillada del Duque Tovar. Hubo mucha expectación durante la semana. Los toros del Duque de Tovar dieron buen juego dejándose torear, por lo que la novillada, en términos generales fue un éxito artístico y de taquilla. En mi primer novillo di vuelta al ruedo por una labor decidida y valiente aunque de poco lucimiento ya que la res embestía con nobleza pero falta de alegría. Mi segundo toro fue un cárdeno hermoso y gordo de noble embestida. Desde que salió el toro y embistió a los peones pude ver que era pastueño, después de tantearlo con el capote me estiré en cuatro verónicas que rematé con media; después del primer puyazo saqué al toro del caballo y le hice un quite por gaoneras que rematé con una revolera que el público ovacionó con fuerza. Cuando cambiaron el tercio, después que los peones banderillearon, tras pedir permiso a la autoridad, armado de muleta y espada, montera en mano salí al tercio a brindar mi faena al carabanchelero público que casi llenaba la plaza. Me fui acercando paso a paso al toro y cuando estuve delante de él lo cité, tenía la muleta en la mano derecha y la res se arrancó; le di un muletazo de tanteo por ese lado, luego otro por el lado izquierdo. Después de dos o tres pases de tanteo inicié la faena con tres ayudados por alto y algunos pases de costado (las faenas siempre las empezaba por alto y no les corría la mano a los toros hasta no tenerlos bien "metidos" en la muleta), luego de cinco derechazos me eché la muleta a la izquierda y lo instrumenté hasta seis naturales que rematé con el de pecho. El público me ovacionaba con fuerza y entusiasmo. Más derechazos, molinete y nuevamente la muleta en la mano izquierda, después de cuatro naturales más en los que el toro siguió tomando la muleta con nobleza, al dar el quinto de esa serie, se quedó en el centro de la suerte levantándome en vilo por la ingle izquierda a la vez que me introducía el pitón, al caer al suelo todavía el toro fue a por mí. Los peones me ayudaron a levantar mientras otros se llevaban a la res. Sentí quemazón una sensación rara en la pierna, además no podía apoyar el pie en el suelo, la pierna se me puso roja de sangre. Había logrado coger la muleta y la espada, me dirigía al toro para entrar a matar y finalizar así mi faena pero no me dejaron. Los hombres de mi cuadrilla me quitaron muleta y estoque y me llevaron en brazos a la enfermería. En el trayecto el público me tributó una fuerte ovación. La causa de la cogida se debió a un error, por engolosinarme toreando a un animal de noble y franca embestida, al que di más muletazos de los que tenía. Llegó un momento en que la res, agotada se quedó a mitad de un pase y se produjo la cogida. A medida que se va realizando la faena uno debe advertir lo que se puede hacer o no y si el toro lo permite, pero yo en esa época aún no había adquirido el oficio suficiente como para entender ese importante proceso. 

En la enfermería fui atendido por el doctor Gómez Lumbreras y sus ayudantes. Me trasladaron al Sanatorio de los Toreros, donde estuve unos veinticinco días. Allí me trató el doctor Luis Jiménez Guinea. Un excelente profesional y mejor persona, siempre me preguntaba cosas del Perú y se interesaba por los platos típicos, cómo se condimentaban, qué sabores tenían. Cuando salí del sanatorio fui a convalecer a Quismondo, pueblito toledano en donde la familia Dominguín tiene una finca llamada “La Companza”. Pasé en la finca unos quince días, caminando, toreando de salón y haciendo ejercicios para fortalecer la pierna. Se encontraba conmigo Braulio Lausín “Gitanillo de la Ricla” (hijo), buen torero y gran amigo de la familia Dominguín y mío. 

Mi reparación, mes y pico después de mi cornada, fue en Vista Alegre, la misma plaza de mi cogida. Alterné ese domingo con Braulio Lausín y Manolo Cano, los dos tereaban bien y tenían cartel en muchas plazas, los toros eran de Nicasio López Navalón. El público me recibió muy bien con una fuerte ovación al hacer el paseo y teniendo que salir a agradecer al tercio. Al primero de mis novillos le corté las orejas y di dos vueltas al ruedo. A mi segundo intenté hacerle faena pero no me fue posible ya que era manso y bronco. Mis compañeros estuvieron lucidos por lo que la tarde resultó entretenida para el público y al final me sacaron a hombros. Al domingo siguiente se repitió el cartel pero la tarde, sin ser un fracaso, distó mucho de la del anterior domingo. 

Ese mismo año en Valencia recibí una cornada en la axila izquierda, la herida en sí no era grave pero sí bastante molesta por el sitio en que estaba. Después de matar al novillo me retiré a la enfermería donde el Dr. Serra me curó sin anestesia. Nunca supe por qué me curó en carne viva. Repetí en valencia el domingo siguiente y en primer novillo, en los muletazos iniciales se me abrió la herida pero pude concluir y entrar en la enfermería para, después de la curación, toreé a mi segundo novillo. 

En mi presentación en Portugal, en la plaza de Campo Pequeño, de Lisboa, alcancé éxito en los dos novillos. Di varias vueltas al ruedo en los dos que me correspondieron, sabido es que en Portugal no se ejecuta la suerte de matar. Regresé a España y luego fui a Moita, un pueblito que está relativamente cerca de Lisboa. Alterné con Pepe Dominguín. Todavía era yo novillero, pero en Portugal novillero y matadores pueden alternar sin que los matadores pierdan por ello la alternativa. Como Pepe y yo toreábamos días antes en diferentes puntos quedamos en encontrarnos en Valladolid para salir en un solo automóvil con parte de las cuadrillas, el resto de ambas (junto a los picadores puesto que en Portugal no se pica a los toros) regresaría a Madrid. Salimos rumbo a Moita el mismo día de la corrida pero Julián, el chofer de Pepe en Portugal equivocó el camino y cuando nos dimos cuenta estábamos perdidos. Finalmente encontramos el camino y llegamos a Moita sobre las cinco de la tarde bajo una intensa lluvia. Llegamos a la plaza con la corrida empezada y allí mismo nos vestimos. Ya habían actuado los forcados y estaban actuando los rejoneadores. A pesar de la lluvia la corrida no se suspendió. En cuanto nos vestimos nos fuimos colocando en el callejón ya que no hicimos el paseo. Cuando terminó la actuación de los rejoneadores se dio salida al primero de la lidia ordinaria que correspondía a Pepe Dominguín y que se llevó por delante a un banderillero, lo tiró contra la barrera y se cebó con él: se formó un herradero tremendo, todos los toreros queriendo llevarse al toro, el pobre torero pataleaba y gritaba bajo el estribo, era la única manera de defenderse. La lluvia hacia si cabe más dramático el momento. Cuando el toro se cansó de revolcarlo y darle cornadas (no nos había hecho ni caso) fue a por nosotros, y digo a por nosotros porque estaba toreado y no quería nada con los capotes. 

Mientras unos nos defendíamos del toro como podíamos, otros socorrían al herido. Cuando lo levantaron del suelo tenía el traje roto por todos los lados, el pecho lleno de sangre pero lo más impresionante era que llevaba una cornada en la garganta y se le veía la laringe. El momento fue horrible, todos pensábamos que aquel hombre iba muerto a la enfermería. A partir de aquel momento, los toros que eran gordos y toreados se hicieron dueños y señores del ruedo. Fue una corrida de “sálvese quien pueda”. Capotazos, sustos, muletazos huyendo y carreras. Al fin, como todo termina alguna vez, también acabó la trágica corrida, que fue la más larga de mi vida. Nos habían silbado de lo lindo, pero qué lindo también era después estar en el hotel, sano y salvo quitándonos la ropa de torero. Después nos enteramos que lo del banderillero no era grave, afortunadamente solo tenía magulladuras, golpes y de la garganta fue un milagro ya que solo había sido la piel sin tocarle nada vital. Se quedó veinte días en el hospital con otro torero que dejamos a su cuidado. A Portugal volví en varias oportunidades pero a Moita de Rivatejo nunca más.

Toreando en Cádiz con Enrique Vera y Pepe Escudero una novillada de Moreno Santa María que salió mansa, mi primer novillo, que había brindado a Conchita Cintrón que actuaba con nosotros en primer lugar rejoneando un toro de Belmonte, me dio una voltereta y ya en el suelo un puntazo en la barbilla que me dejó una cicatriz por el resto de mis días. Aunque los toros todavía me cogían algunas veces, las cosas habían cambiado favorablemente para mí, por lo ponto ya no era recibido como al principio en muchas plazas, con desconfiada curiosidad, hay que tener en cuenta que en España toreros negros se han visto muy pocos y de tarde en tarde, Ángel Valdez en el siglo pasado XIX y en el siglo XX Pedro Castro “Facultades” y el venezolano Julio Mendoza son los toreros negros, que yo sepa, que torearon en la Península. Cuando yo llegué hacía lo menos veinte años que no actuaba un torero de mi raza. Además me encontraba más seguro delante de los toros, había aprendido a defenderme de ellos cuando ofrecían dificultades, todavía me faltaba madurar pero me sentía y me veían los aficionados más en la línea de lo que es el toreo, sin haberme apartado de mi forma de torear. Con la espada también había progresado, no es que matara bien, que de esos hay muy pocos, había cogido un “tranquillo”, cierta forma habilidosa de deshacerme de los toros que me enseñaron Domingo y Pepe Dominguín. En el toreo nada debe quedar al azar, las cosas hay que saberlas hacer con más o menos clase pero sujetas a la técnica y las normas, es un arte con mucho oficio, pero hay que saber el oficio antes, si no, no se puede desarrollar ese arte, así es por lo menos en España, donde el toro da la cornada muchas veces sin tirar al torero al suelo. Para un torero sudamericano todo esto resultaba más complicado que para uno de España y había que “hacerse”, puesto que uno estaba acostumbrado a otro tipo de toro, generalmente sin casta, que no sabe embestir y tampoco herir. El toro de casta español embiste con fijeza a los objetos, tiene codicia por lo que se le puede torear muy a gusto, aguantando las embestidas y sabiéndole llevar toreado, pero también tiene el peligro de que cuando coge y hiere, hiere bien porque sabe para qué tiene los cuernos, además de tener raza y casta. A veces se les ve llegar agotados a la muleta, con la lengua fuera aparentemente sin fuerzas para embestir porque los picadores le “han dado” más de la cuenta o por exceso de capotazos a causa de una mala lidia, lo cierto es que a lo mejor no se les puede dar ni un pase, pero aun así, tendrán fuerza para dar una cornada. Yo he visto en circunstancias tales dar más de un cornalón. Claro que cuando recién se empieza se torea guiado más por la afición y la intuición que sujeto a normas y reglas que, como es natural, todavía se desconocen. Los principios siempre son difíciles por inexperiencia, torpeza y falta de práctica. 

A casi todas las corridas me acompañaba Juantio Martínez, hombre de confianza de los hermanos Dominguín por aquel tiempo. Había sido novillero, buen aficionado y competente taurino, desde un principio fue quien me aconsejó, tanto en la plaza como fuera de ella. Tenía mucha fe en mi y siempre traté de no defraudarlo. Hicimos gran amistad. También Domingo y Pepe iban conmigo algunas ocasiones, no siempre, puesto que Pepe toreaba y Domingo, muchas veces acompañaba a su hermano Luis Miguel y al padre de ambos. Cuando fui matador de toros coincidimos más de una tarde en la misma corrida los Dominguines y yo. Con Miguel iba a tentaderos, también iba con él a sus corridas cuando no tenía toros. Viéndole y hablando con él aprendí mucho. Como siempre tuve mucha afición. No perdía ocasión de hablar con Dominguín padre. 

También conocí a don Juan Belmonte quien contaba entre sus grandes méritos con una extraordinaria sencillez. Trataba a todo el mundo con una naturalidad poco común. En una oportunidad estuve en “Gómez Cardeña”, su cortijo en Utrera (Sevilla). Había fiesta y como es natural se torearon unas vaquillas. Como siempre se dejaron caer por allí algunos “maletillas” y ninguno podrá decir que se quedó sin torear ni comer. Don Juan tenía presente sus comienzos y lo mal que fue tratado por los ganaderos cuando todavía no era nadie. 
 

1952. LA ALTERNATIVA EN ESPAÑA

El invierno que empezaba a finales de 1951, fui invitado a Zaragoza por mi amigo Braulio Lausin, “Gitanillo de la Ricla”, hijo. Conocí a su familia, gente buenísima y encantadora. Doña Nati, su madre, lo fue también para mí durante los meses que pasé en su casa que me resultaron entrañables tan falto como estaba de calor familiar. Su padre, el famoso “Gitanillo de Ricla”, había sido en su época un torero de valor desmedido, estaba cosido a cornadas. La familia gozaba de desahogada situación económica. Los tres meses que pasé en Zaragoza los dediqué a distraerme y conocer la ciudad. Antes de terminar el invierno regresé a Madrid, a entrenarme y prepararme para la temporada que pronto daría comienzo. Mis entrenamientos consistían como casi siempre en torear de salón en la Casa de Campo o la plaza de Vista Alegre, hacer ejercicios físicos, caminar mucho y también torear becerras en alguna ganadería. 

Por una casualidad de la vida empecé la temporada toreando en Zaragoza dos novilladas seguidas, en las que alterné con Braulio. En la primera toreó con nosotros un novillero mexicano de apodo “Paquiro”, en la segunda el madrileño Miguel Ortas. En las dos logré éxitos con cortes de orejas. Luego fui a Logroño donde la corrida quedó en un mano a mano entre Braulio y yo (por cogida previa en otra plaza del torero que alternaría con nosotros) y supuso un éxito para ambos ya que se cortaron las orejas a cinco novillos y salimos a hombros junto con el mayoral de la ganadería de Julio Morales, de Plasencia. 

En Vista Alegre toreé una novillada muy hermosa de Don Agustín Mendoza, Conde la Corte. Alterné ese domingo con el mexicano Escobedo y con Victoriano Posada, la novillada fue gorda y sacó casta, pero se dejó torear. En mi primero cui cogido al torear de muleta. Terminé la faena y después de matar al novillo pasé a la enfermería donde me operó con anestesia local en la pierna el doctor José Lumberas, gran cirujano y viejo conocido por haberme salvado la vida. Terminada la intervención me anunciaron en la enfermería que iba a salir mi segundo toro. Discutí con el doctor que no quería dejarme continuar, pero bajo mi responsabilidad salí a lidiar y matar el novillo que todavía me quedaba; fue de media estocada y recibí la oreja tras ruidosa ovación. Regresé a la enfermería y de allí me llevaron en una ambulancia al Sanatorio de Toreros. Pasé diez días en el sanatorio y otros diez en convalecencia.
Reaparecí en Bilbao con una “novillada” de los temidos Tulio e Isaías Vázquez, temidos por su casta, temperamento y trapío. En efecto, la novillada tenía sus buenos 300 kilos canal. Mis alternantes, Pepe Cano de Madrid y Evelio Yeyez de Venezuela, sabíamos lo que había en los corrales. El primero de la tarde era un buenmozo con la frente rizada, mucha casta, fuerza y temperamento; su matador, que debía ser Cano fue cogido al intentar una verónica. Como segundo espada me tuve que quedar con el toro. Cuando salieron los picadores éstos le pegaron todo lo que pudieron y como pudieron, pero el toro tenía casta y poder, fue de los días en que el público comprende que los picadores se ganan bien el sueldo, se llevaron más de una voltereta. Al dar una chicuelina en un quite el toro me dio un puntazo en el muslo derecho sin tirarme al suelo. Después que cambiaron el tercio los banderilleros tuvieron que andarse muy listos para cumplir su cometido. Cuando tocaron a matar aquel torazo había llegado a la muleta embistiendo, pero de qué forma, no tenía la faena de los sesenta pases que la gente gusta. La faena a ese toro fue de castigo, de pelea, de dominio, no se le podía dudar ni vacilar, tampoco intentar correrle la mano, intenté quedarme quieto en un muletazo y a poco voy por los aires. Después de poder con él, el público me aplaudió mucho, fue de las veces que las palmas me han sabido a gloria, qué agradable es oír una fuerte y larga ovación por haber toreado a gusto de un público que entiende, a un toro que no siendo bueno se le ha entendido y se le ha hecho lo justo. Igualé y con la misma decisión que pisé el ruedo desde que hice el paseo me tiré a matar hundiendo toda la espada, pero el torazo se negaba a morir, tenía raza y buena alimentación. Como no moría sin sacarle la espada que estaba en buen sitio entré a matar nuevamente y esta vez fue más de media estocada. El toro vendía cara su vida, se retorcía y se resistía a morir. Después de una horrible agonía el animal cayó sin puntilla, con dos espadas en el morrillo. El público me ovacionó con fuerza y tuve que dar dos vueltas al ruedo, luego pasé a la enfermería a que me curasen el puntazo. Allí estaba Pepe Cano con la clavícula rota, una cornada y un puntazo además de tener el cuerpo molido, lo curaban y lo estaba pasando mal. A mí me curaron el puntazo que más que nada me resultaba doloroso. Después de la cura salí al ruedo, mi compañero respiró hondo al verme porque ya estaba temiendo que me quedaría en la enfermería y él se quedaría con toda la corrida que era bastante dura. Yépez y yo matamos tres toros cada uno y aunque no cortamos orejas fuimos muy aplaudidos. El público fue justo y supo valorar las condiciones de los toros para juzgar la actuación de los toreros, que felizmente estábamos muy toreados y a punto. No pude torear lo menos en quince días y cuando estuve condiciones fui a Córdoba. 

En Córdoba la novillada salió tirando a mansa pero muy bonita y cómoda de cabeza, no se le pudo hacer mucho pero qué diferencia con la de Bilbao.

Debuté en la Plaza de Toros de la Ventas o sea Monumental de Madrid y primera del mundo. En tan importante día me tocó alternar con Rafaelito Sánchez Saco, novillero puntero y Joselito Alvarez de Madrid. Los novillos fueron de Garro y Díaz Guerra, ganadería que todavía conservaba cartel, adquirido la tarde del célebre triunfo de “Frasquito” en Sevilla años antes. La novillada cumplió en cuanto a tipo presentación, en cuanto a embestida hubo de todo. 

El domingo 27 de julio tomé la alternativa en Barcelona de manos de Luis Miguel Dominguín y Rafael Ortega de testigo, con una corrida de Garro y Díaz Guerra. Para la ocasión estrenaba un precioso traje rosa pálido y oro, el bordado simulaba una espiga de trigo tanto en la taleguilla como en el bordado de la chaquetilla. Antes de hacer el paseo hubo una tormenta de verano. A causa de la lluvia se retrasó el inicio como una hora. El primero de la tarde, el de mi alternativa tenía por nombre “Peluquero”. Después que lo corrieron lo toreé a la verónica, pero no tomaba bien el capote, su embestida era poco franca y sin alegría, casi toda la corrida salió por el estilo, después que el toro fue banderilleado, Luis Miguel, en el tercio de la plaza me entregó los trastos de matar tras decirme las frases que requiere el momento y darnos el abrazo correspondiente. Fui hacia el toro y después de varios muletazos para sujetarlo (escarbaba y cuando embestía salía suelto) intenté torearlo por el lado derecho, consiguiendo sacarle algunos pases de provecho que el público aplaudió. Vuelta al ruedo. En mi segundo toro, que fue más o menos igual en lo que respecta a la embestida, poco pude hacer, fui aplaudido y salí al tercio a agradecer las palmas. 

A continuación, ya como matador, toreé un buen número de corridas a lo largo y ancho de la geografía española alternando con matadores de diferente categoría. A medida que la temporada española iba declinando se iban arreglando los contratos de América. Para la Feria de Octubre, el ganadero de Yéncala, Huberto Fernandini, empresario de las plazas de Lima, contrató a Luis Miguel Dominguín, a “Rovira”, “Calerito”, Antonio Ordoñez, Pepe Dominguín, Rafael Ortega y a mí. Toros españoles de Priego de la Cal (cruce de Veragua), de Miura y de la ganadería peruana La Viña.
 

1952. REGRESO A LIMA

Después de cerca de tres años de ausencia regresé a Lima. En un cuatrimotor hicimos el viaje que fue Madrid – Recife – Río de Janeiro (escala de 2 días) – Lima. Volábamos Domingo Dominguín, su hermano Luis Miguel, así como varios componentes de las cuadrillas; los demás toreros que formaban el cartel de la feria se encontraban ya en Lima hacía varios días. Al llegar a Lima nos esperaba una nube de fotógrafos, algunos de mis hermanos, aficionados, admiradores, amigos y curiosos. En casa, el resto de mis hermanos y mis padres.

La primera corrida de la Feria de octubre de 1952 la toreé junto a “Rovira” y Antonio Ordoñez que debutaba en Lima. Ese día estrené un precioso traje morado color del hábito del Señor de los Milagros. Después de hacer el paseo el público me ovacionó fuerte por lo que tuve que agradecer desde el tercio montera en mano. El primero de la tarde correspondía a “Rovira”. Lo recibió por verónicas con su acostumbrada valentía; salieron los picadores con los que el toro hizo mala pelea, el toro gordo y mansurrón entró nuevamente a los del castoreño, el quite me correspondía a mí. El viñense no estaba para florituras y por querer lucirme cometí un error imperdonable a estas alturas de mi carrera que me costó una cogida y revolcón. Me hicieron el quite, me levanté con una cornada. Pasé a la enfermería donde fui curado. Salí luego a la arena para cumplir con mi toro, el tercero de la tarde. También salió manso y soso, no logré lucirme con él al torearle de capa ni de muleta. Con la espada estuve discreto por lo que hubo silencio en los tendidos. Al acabar me llevaron a la clínica Maison de Santé y a mi segundo toro lo mató Rovira, siendo la única vez que otro matador ha tenido que estoquear un toro mío. Después de veinte días de sanatorio y algunos de convalecencia pude ver alguna de las corridas que quedaban y dispuesto para la que me quedaba.

La última corrida, el 23 de noviembre, la toreaba con Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordoñez, con seis toros de Prieto de la Cal (cruce de Varagua). La corrida salió buena y la tarde fue de éxito para todos. Después de ser arrastrado el quinto toro los tres matadores dimos la vuelta al ruedo en unión del empresario, Sr. Humberto Fernandini. Luis Miguel tuvo una tarde completa que unida a sus éxitos anteriores le hicieron acreedor del Escapulario. Ordoñez también estuvo en su tarde de artista inspirado. Y yo, sin redondear hice cosas buenas en opinión de los aficionados y parte de la prensa taurina. Después de terminada la feria toreé un festival para la Asistencia Social. 
 

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1953

No volví a torear en Lima hasta la temporada de marzo, en una de las tres corridas que se dieron en la Monumental de Chacra Ríos, alterné con Antonio Ordóñez y “Joselito” Torres, en lidia y muerte de seis torazos de Huando. La corrida tuvo momentos buenos y también muy malos, los toros no salieron buenos y por exceso de kilos embistieron poco y algunos se defendieron. Yo logré cortarle la oreja al segundo mío, en mi primero no estuve bien.
 
Con “Valencia III” inauguré la plaza de toros de Guadalupe, en Ica, con toros de La Viña, y en vista del éxito, ya que cortamos orejas y rabos, repetimos al domingo siguiente con igual fortuna. 

En Acho toreé el festival en el que se despidió del toreo ese extraordinario peón de brega, uno de los mejores de todos los tiempos que se llamó Rafael Valera “Rafaelillo” y que banderilleó los seis novillos alcanzando un éxito más de los muchos que cosechó a lo largo de su carrera. 

Después de este festival marché a torear unas corridas en Colombia a la feria de Bogotá. Toreé también varias corridas en Cartagena y Cereté. 

Marché nuevamente a España en donde toreé a pesar de llegar cuando la temporada estaba bien adelantada.
 

1953-1954. MEXICO

Una vez concluida la temporada española cogí el avión que me llevaría a México en donde había sido contratado en principio por dos corridas fijas y una opcional. En la primera el 18 de octubre de 1953, toreé con Jorge Aguilar “El Ranchero” y Joselito Méndez, valiente novillero que esa tarde tomaba la alternativa, siendo “El Ranchero” su padrino y yo testigo. En vista del éxito obtenido, la corrida se repitió con mismo cartel y ganadería que, aunque no salieron tan buenos, se dejaron torear y la tarde resultó entretenida. Esa noche el empresario Enrique Jordá, nos invitó a cenar a los tres matadores y a mí me firmó dos corridas para la temporada siguiente. Después de unos días conociendo Tijuana regresamos a Mexico, DF. En el avión “El Ranchero” me explicó que cuando torease no debía pedir música a la banda (en mi segundo toro, me sentía a gusto y con un gesto la había pedido y fui complacido) “¿Por qué Jorge?”, le pregunté. “Porque aquí en México, el único que pide música cuando torea es Cantinflas”. Después de saberlo nunca más pedí música. La banda sabría cuándo le correspondía tocar. Llegamos a la capital y del aeropuerto fui a un hotel, donde me instalé y viví todo el tiempo que estuve en México, que fue por espacio de un año. Cuando llegó la hora de torear lo hice en Monterrey, Saltillo, Ciudad Juárez, Tlaxala, Nogales, Guadalajara, etc. Con éxito en casi todas. Algunas tardes alterné con “Calesero” Antonio Velásquez, Procuna, Joselito Méndez, Fermín Espinosa “Armillita”, Rafael Rodríguez, Fermín Rivera, “El Ranchero”, “Chicuelo II”, Curro Ortega, entre otros. De mi campaña taurina mexicana, una de las tardes de éxito que más recuerdo fue toreando en Monterrey con el maestro “Armillita” y el temerario “Chicuelo II”, toros de San Mateo, que fueron buenos. Aunque la tarde fue de éxito para los tres, la suerte a quien más favoreció fue a mí, que logré tener una actuación redonda.  También recuerdo otra tarde en Tijuana, alternando con Luis Procuna y Joselito Méndez con toros de La Punta que no fueron muy buenos, pero en el último de la tarde, que correspondía a Méndez y fue “de seda” embistiendo, hicimos un tercio de quites que tuvimos que agradecer por mucho rato montera en mano y salir al tercio en medio de una fuerte ovación. Méndez hizo un quite por espectaculares y valerosos faroles de rodilla, Procuna por orticinas, rematadas con pinturera larga afarolada y yo, en mi turno lo hice por gaoneras que me salieron mejor que nunca, rematadas con una revolera, quedando después con una rodilla en tierra de espaldas al toro. Esos momentos, que fueron de delirio para los espectadores, y la alegre embestida de ese toro, que salió en sexto lugar, fueron lo mejor de la corrida. Otra tarde en Saltillo, toreando con “Armillita” y Rafael Rodríguez, matamos una corrida muy grande, gorda y nada fácil. Los únicos toros que medio embistieron nos tocaron uno a Rodríguez y otro a mí, y cortamos una oreja cada uno. Más que la oreja recuerdo que la corrida era gorda y vieja (una corrida pasada) tuvimos que aprovechar las ocasiones de lucimiento y estar muy decididos para logar el éxito en los únicos toros lidiables. Los toros pertenecían a la ganadería que se llamaba Santa Rosa de Lima. 

1954 (ÚLTIMO TRIMESTRE). REGRESO AL PERU

Viajé a Madrid donde estuve hasta el mes de diciembre y antes de Nochebuena salí rumbo a Lima, a pasar una temporada con mi familia, a la que veía muy de tarde en tarde y a la que echaba de menos. Después de las fiestas de fin de año empecé una larga gira taurina por las provincias del país.

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1955 – 1958
Después de torear en las plazas más importantes del Perú, fui contratado para torear en Quito (Ecuador). En la antigua plaza toreé varias tardes alcanzando resonantes éxitos. Hay que puntualizar que en realidad, aunque digamos “tardes” las corridas son por las mañanas. Una “tarde” los toros fueron de los hermanos Plaza y salieron muy bravos y robles, por lo que los matadores alcanzamos un gran éxito y dimos varias vueltas al ruedo, una de ellas lo hicimos con el ganadero José María Plaza. También recuerdo otra fecha en la que corté las orejas y el rabo a un toro colorado e la ganadería de Lorenzo Tous, que fue muy bueno. En Quito me arrimé, las cosas me salieron bien y el público correspondió. Seguí rumbo a Colombia y Venezuela y cuando di por finalizada mi “tournée” marché desde Venezuela a Madrid. 

1959

En Madrid, en el año 1951, había conocido a una joven llamada Carmen Castillo, natural de Toledo, pero afincada desde muchos años atrás con su familia en la capital. Entre los dos nació desde un comienzo una sana y buena amistad, teníamos gustos similares (salvo por los toros). Los domingos que no toreaba salíamos lo mismo que muchos días de invierno de los que pasaba en Madrid. Cuando estaba yo en América le escribía con cierta frecuencia. Iniciamos un breve noviazgo después de muchos años de conocernos y al año de dicho noviazgo decidimos casarnos. Este era el poderoso motivo que me llevaba otra vez a España. La mano de mi prometida fue pedida a sus padres por Luis Miguel y Domingo Dominguín en representación de mi madre que se encontraba en Lima. Mi padre había fallecido dos años antes. La boda se celebró el 20 de febrero de 1959 en la finca Villa Paz (Saelices, Cuenca), propiedad de Luis Miguel, que a su vez fue padrino. Madrina de la ceremonia fue Mercedes, hermana de Carmen y que años más tarde sería a su vez esposa de mi hermano Nicomedes. Varios días pasamos mi esposa y yo en la finca, después de los cuales hicimos un recorrido por algunas capitales españolas antes de salir a Santander, donde embarcaríamos en un navío de la Compañía Inglesa de Navegación rumbo al puerto del Callao.

Después de un breve descanso, ya en Lima, realicé otra gira taurina por el Perú, toreando en Trujillo, Caraz, Ticapampa, Bambamarca, Chota, Cajamarca, Ica, Arequipa, Huancayo, Otuzco y Chimbote. Fui contratado para torear en Lima en la Feria de Octubre, tan solo para una corrida, “la corrida del toro”, en dicha actúan todos los matadores que tomaron parte en la temporada, que dicho sea de paso se llama así porque cada matador mata un toro. En esa corrida actuaron todos los matadores menos Ordóñez, que estaba convaleciente de una cornada recibida domingos antes. Los toros de la ganadería Las Salinas de los Sres. Dapelo fueron buenos para los toreros. Yo reaparecía en Lima después de varios años. El público me recibió muy bien y con mucho cariño, después de hacer el paseo me tributó una fuerte ovación que tuve que agradecer montera en mano desde el tercio, luego se dio salida al primero de la tarde que me correspondía. 

Rafael Santa Cruz fue el triunfador de la tarde

El torero peruano de color cortó oreja y salió en hombros. Resurgió “La Maravilla de Ébano”.

Pocas veces, tal vez nunca, he deseado tanto el triunfo de un torero como ayer el de Rafael Santa Cruz.

Llegué a la plaza con la ilusión de ver triunfar a Rafael. Con el vivo deseo de que pudiera lucirse y cortarle las orejas a su toro. Y felizmente, toso se me dio tal y conforme a mis deseos. 
Y mis anhelos se vieron cumplidamente realizados. Rafael Santa Cruz triunfó ayer en Acho. Resurgió “la maravilla de ébano”.

Y después de torear estupendamente (tanto con el capote como con la muleta) al magnífico toro salinero que le tocó en suerte, cortó una oreja y dio la vuelta al anillo aclamado por la muchedumbre y escuchando una de las ovaciones más cálidas y sinceras que se haya tributado en Acho. 

Y como remate de una tarde triunfal, al terminar la corrida Rafael Santa Cruz, torero peruano de grandes méritos, de fina personalidad, de auténtica modestia, fue paseado a hombros de sus admiradores.
 
Reaparecía ayer Rafael Santa Cruz después de mucho tiempo. Causas que desconozco mantuvieron alejado del ruedo de Acho – el de sus primeros triunfos- al distro nacional de mas acusas personalidad. Su reaparición – ya está dicho – ha sido triunfal. Su triunfo ayer ha sido de tal naturaleza, tan logrado, que no le permitirá a Rafael estar ausente de Acho por mucho tiempo. Cuando se hable de temporadas taurinas con intervención de matadores peruanos – no tenemos sino dos en actividad: Rafael y Humberto Valle – ya no será posible, ni aconsejable, ni justo no darle a Santa Cruz sitio en los carteles. 
El enemigo de Rafael fue un bravo toro salinero, gordo, terciado, que embistió con claridad y buen son e hizo excelente pelea en el primer tercio. El toro fue tan bueno que el público le rindió homenaje a su cadáver ovacionándole en el arrastre. 

Santa Cruz, que había escuchado en el paseíllo una ovación que le obligó a salir al tercio a saludar, se abrió de capa y lanceó a la verónica con arte y garbo, más acusadamente en las verónicas por el lado izquierdo. Cada lance fue subrayado por oles. En la manera de llevar al toro a los caballos y colocarlo, nos demostró Santa Cruz que venía “muy toreado” y “puesto con los toros”. En su turno, quitó el moreno y lo hizo con apretados lances de frente y por detrás, rematados con un desplante de rodillas. 

Brindó Rafael al público. Y escuchó una ovación. Echando la muleta abajo comenzó la faena con unos doblones eficaces. Soplaron con fuerza el aire e hincharon la muleta en forma peligrosa. Rafael cambió al toro de terreno. Se lo llevó a los medios. Y allí cuajó una serie de templados ayudados por alto. Siguió un molinete muy airoso. Llevando bien toreada a la res (cuya embestida es de magnífico son) admiramos unos templados derechazos y un cambio de muleta por la espalda. Rafael bien centrado, reposado y seguro, se echó a la muleta a la mano izquierda y templó cinco naturales, siendo uno de ellos – el penúltimo – de pintura. ¡Qué bien toreado llevó al toro y qué temple acusó ese pase! Cerró con el de pecho. El fuerte de Rafael Santa Cruz fue siempre el toreo por alto, muy quieta la figura, sin más movimiento que el de los brazos para el mando. Vimos, así apretándose mucho, una tanda de manoletinas estupendas. Intentó Santa Cruz la arrucina y resultó cogido, zarandeado y con la chaquetilla estropeada. Rafael se puso en mangas de camisa y se apreta horrores en unos pases que pusieron a la Plaza hecha un manicomio. Olés y música atronan el espacio. Hay un doblón enorme por su mando. Iguala al toro. Rafael entra a matar en la suerte contraria y deja media estocada en buen sitio. Descabella. 
Le otorgan una oreja y da la vuelta al ruedo. 

Rafael Santa Cruz, matador de toros peruano, buen torero, ayer ha triunfado en Acho. 

Don FULANO
LA CRÓNICA
Lima, 7 de noviembre de 1960
 

1962. ADIOS AL TOREO

Estando en Lima decidí que había llegado el momento de despedirme para siempre del toreo. Llevaba tres años casado, había nacido mi primer hijo y soy de los que creen que el peligro y el hogar no deben ir unidos.

Para mi despedida se organizó un festival y el domingo 21 de enero de 1962 toreamos en Acho Alejandro Montani, Huberto Valle, Adolfo Rojas “El Nene”, Gastón Vásquez, Ricardo Misuya y yo, seis novillos de diferentes ganaderías. En Lima como en provincias siempre toreaban conmigo “Chatillo” y “Fotio”, ya que en la plaza y en la calle estábamos muy compenetrados, además de llevarnos los tres como verdaderos amigos. El público respondió llenando la plaza y la parte artística fue muy distraída y taurina. 

Durante esa semana previa a la corrida, los diarios de Lima me dedicaron elogiosos y bellos artículos y el día del festival, después de hacer el paseo la Municipalidad del Rímac me premió con diploma y medalla de oro por mis años de toreo y actuaciones en el Perú y extranjero, acto seguido mis compañeros se despidieron de mí con un abrazo, todo esto antes de dar salida al primero de la tarde. El novillo que maté, último de mi vida profesional, lo brindé a mi esposa y a mi hijo que ocupaban una barrera en unión de otros familiares. Antes de terminar el año embarqué nuevamente, esta vez con mi esposa y mi hijo, rumbo a España.
 

1969. FESTIVAL “PANCHO FIERRO”.

Después de siete años de ausencia del país y de estar retirado del toreo, fui invitado a Lima para torear el Festival “Pancho Fierro”, creado y organizado por ese gran aficionado que es Tuco Roca Rey. El festival fue un éxito artístico y económico.